Tal como sostiene el destacado escritor Fernando Alegría en la

contraportada de este libro, lo leí de una sentada -una mañana y media

tarde- y hallé en él un aire amable y sobrecogedor, una narrativa y un

tiempo profundamente chileno, honorable, la vieja guardia de la república,

tiempos insobornables y capaces, de concursos públicos y respeto

ciudadano, un Chile que fue y que se perdió a partir del golpe de estado. He

aquí el comienzo y el final de esta obra: “Testigo Presencial”: 1973: caída

y destierro de Francisco Reyes Álvarez.

Sin dudas, este libro es un documento histórico, el hablante narra con

literaria exactitud los hechos en que se vio envuelto – siendo él intendente

de la provincia de Talca – razón suficiente para post golpe ser perseguido,

detenido, torturado y encarcelado por casi un año, para una vez libre

asilarse en Santiago en la embajada del Ecuador. Años de exilio en que

escribe esta obra, publicando en Quito, en 1982, la primera edición, escritos

que considero como una importantísima obra testimonial. Describe con

escalofriante realidad la brutalidad, la barbarie, el miedo, el terror, la hora

que suponía última, cuando pensó en Dios y creyó que la muerte sería un

alivio, cuando el odio y la tristeza dividieron a los chilenos entre patriotas y

extremistas.

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